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Historia
La
Parroquia San Antonio de Padua, perteneciente a la
Diócesis de San Felipe de Aconcagua, se encuentra ubicada
en la comuna de Putaendo, Ciudad rural de la V Región.
Como
Parroquia su origen data de 1729, fecha en la cual se la conoce
como la Primera Parroquia de San Felipe, perteneciente a Santiago.
En
el año 1792 se le conoce como Doctrina Eclesiástica
de San Antonio de la Unión de Putaendo.
En
1809, el visitador Canónico Don Martín Soto Mayor
la denomina como Vice- Parroquia de San Antonio de la Buena Vista
de Putaendo, nombre con que ya en 1797 en los libros de Bautismo,
Matrimonio y Defunciones aparece.
Según
el Libro Parroquias de la Arquidiócesis de Santiago
1840- 1925, del Pbro. Raymundo Arancibia Salcedo y de los
propios libros parroquiales, los Párrocos han sido los siguientes:
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El lugar donde se realizaron los primeros Cultos fueron de
totora y adobes a la cal y a través del tiempo esta
construcción fue mejorando hasta llegar a fines de
1800 a una construcción más sólida de
ladrillos y maderas, que perduró hasta 1965, año
en que el terremoto daño su estructura y 1971 un nuevo
sismo terminó deteriorando mucho más lo anterior;
esto produjo que el edificio fuera declarado inhabitable.
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Esto
permitió que el Párroco Presbítero Osvaldo
Celis en el año 1975, con el Obispo de la época Mons.
Francisco de Borjas Valenzuela R. y vecinos, tomaran la decisión
de demoler o reparar el templo, sabiendo que implicaría un
gran esfuerzo económico, en que tanto la Iglesia Diocesana
como la feligresía de Putaendo, deberían asumir con
gran responsabilidad. La decisión fue restaurar.
El
camino fue largo, sacrificado y en momentos de mucho dolor para
el Párroco (dato obtenido por trabajadores de la época),
ya que no se disponía del dinero para los sueldos. Pero con
la ayuda de Dios y la colaboración del nuevo Obispo Mons.
Manuel Camilo Vial R., quién presentas proyectos a comunidades
Europeas, se obtienen los recursos necesarios para la finalización
de tan loable obra.
Cabe
hacer notar que pese a los pocos recursos de la comunidad, ésta
no escatima esfuerzos para aportar obra de mano y dinero (múltiples
beneficios) y así lograr el cometido.
En
el año 1990 la obra está terminada, permitiendo que
este Templo sea uno de los mejor construidos en la Diócesis,
lo que significa un orgullo para la Ciudad y para nuestra Iglesia.
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